jueves, 25 de febrero de 2016

El amor y el fuego

Cuando estaba en quinto de primaria tuve mi primer novio oficial, se llamaba Ricardo, tenía mi edad pero estaba aún cursando su tercer año, así es, mi príncipe había reprobado dos veces de año pero eso no me importaba yo estaba enamorada. Fuimos novios como cinco años y no, no fui el cliché que perdió la virginidad con su primer novio pero si nos dábamos unos ricos y enérgicos agasajos maratónicos. Ricardo consumía drogas desde los 10 años eso quiere decir que para sus 15, el chico ya estaba bastante atrofiado y yo; bastante cansada de él y sus adicciones. 

Un día desapareció, quedamos en ir a una tocada juntos, llegue a su casa bien arregladita, toque el timbre varias veces, grite y jamás salió. Llame a su celular y me mandaba a buzón directo, por la tarde llame a su casa y su mamá me lo negó. Fui a buscarlo al día siguiente y nada. ¿Cómo que no quería hablar conmigo? Pase días en casa esperando su llamada, agobiada, enojada, ansiosa, tenía que darme una explicación. Un día después de tanto insistir en el teléfono de su casa, su mamá me dijo que me iba decir la verdad: 

-Ricardo se fue a vivir a Mérida y no va regresar.
-¿Le dejo algún recado para mí?
-No, no te menciono. 
-¿Le puede decir que se comunique conmigo por favor? 
-Sí, yo le doy tú mensaje. 

Pase tres semanas esperando su llamada y nada ¿Cómo era posible que se haya ido sin despedirse de mí? El corazón se me cocía de dolor, me la pasaba encerrada en mi cuarto llorando, iba a la secundaria y parecía un muerto viviente. Todo comenzó a empeorar, mis calificaciones bajaron, por primera vez en mi vida reprobé materias, comencé a imitar su comportamiento rebelde y no podía parar, recordaba sus palabras: “Deberías dejar de ser tan aburrida y fumarte un porro” “Deberías dejar de ser tan ñoña” “Deberías enseñarles a tus papas a respetar tu vida”. Suena estúpido pero comencé a creer que por ñoña y aburrida me había dejado e inconscientemente acabe haciendo todos los “deberías”. Nadie me ofreció un porro yo pregunte y pregunte hasta conseguirlo. Nadie me ofreció mi primera línea de coca, yo la conseguí y me serví mi primera línea en la mesa de centro de la sala de mi casa; aquellas tardes de llanto se convirtieron en tardes de encierro psicotrópico en mi habitación, me enamore de la cocaína, línea tras línea, lágrimas y otra línea para entumir el alma. 

Paso un año, entre a la prepa y por cosas hermosas de la vida (y digo hermosas porque hasta el peor de los males tiene su lado A) acabe tomando clases en un salón donde conocí a chicos foráneos, chicos experimentados de ciudades grandes que habían probado drogas desde temprana edad al igual que Ricardo y ahí con ellos, aprendí a drogarme en compañía, ya no lloraba, ya no lo pensaba tanto, ahora solo me drogaba con mis nuevos amigos y reía hasta que me doliera la panza, me daba de besos con Tláloc y dejaba que Mariano me metiera las manos en los calzones atrás del laboratorio de química. 

A veces en mi loquera llamaba al celular de Richi con la mínima esperanza de escucharlo sonar, dejaba que continuara la grabación del buzón de voz hasta que sonara su mensaje del contestador. 

-“Estas llamando al celular de Ricardo Fajardo por el momento no te puedo atender, pero si me dejas tu nombre y tu número, con gusto te regreso la llamada” 

Escuchar su voz al menos por esos segundos era como ir de cero a cien y viceversa, se me quemaba la vida, se me acaban las lineas, se me hacia cenizas la calma. 

Justo cuando comenzaba a olvidarle y comenzaba a disfrutar de mi nueva vida, recibí una llamada suya al celular: 
-¡Hermosa! 
-¿Quién habla? 
-Hermosa, soy yo Ricardo 
- ¿Ricardo? 
-Si hermosa, por favor, déjame hablar, no digas nada. 
-¡Rica..aa…rdo! 
Se me quebró la voz, no podía creerlo. 

-Hermosa, mi amor, por favor escúchame, escucha bien lo que te voy a decir y no me interrumpas por favor… 
-Sí, está bien, te escucho. 
- Hermosa no hay un solo día que no haya pensado en ti, me fui a rehabilitación, me subieron a una camioneta y me llevaron, no tenía como avisarte, mi mamá me dijo que no te diría nada porque no quería que nadie en Chetumal se enterara. Me enoje con ella por hacerme eso, por separarme de ti, llore muchos días, quería morirme en verdad quería dejar de respirar pero tú fuiste mi luz al final del túnel, me aferre a tú recuerdo y decidí que no podía irme, decidí convertirme en un hombre sano para poder ser digno de ti. Perdóname por favor por todo el daño que te hice, he cambiado, ahora soy otro, estoy sobrio, quiero estar contigo, hermosa por favor, necesitamos hablar y vernos, me muero por besarte, dime que no me has olvidado. 
-¿Rehabilitación? ¿Es en serio? ¡wow!, desapareciste y todo este tiempo pensé que me habías abandonado, que ya no me querías, yo también no pare de llorar todo este tiempo, han sido los peores días de mi vida, no tienes idea todo lo que ha pasado. 
-Cuéntame todo chiquita, quiero saber todo y quiero contarte todo lo que he pasado, estoy tan arrepentido de haber sido un imbécil contigo. Tú que eres tan linda, tan amorosa, tan buena, tan pura. 

No sabía que decirle, al otro día hicimos el amor por primera vez y yo estaba drogada, se dio cuenta, comenzó a hacer preguntas, lo negué todo. Intente dejar de consumir, pero ya estaba engolosinada en aquel mundo y no quería dejar de hacer cosas por él. Iba a visitarme a casa y yo siempre estaba drogada con mis amigos de la prepa en la esquina de mi casa, me invitaba a cenar fuera y yo drogada sin apetito, me decía que me veía distinta, estaba rota, claro que era distinta. Intento durante más de seis meses arreglar las cosas, pero el problema ya no era el, era yo. Una parte de mí quería detenerse y por fin tener una relación sana con él, pero mi mente intoxicada no me lo permitió, un día simplemente me mandó un mensaje de texto que decía: “El amor es como el fuego, si no se alimenta, se apaga”