martes, 2 de abril de 2019

Sr. X


La frase: “Si no la controlas no la fumes” estuvo a la media para mí en muchísimas ocasiones; así fue hasta que todo a mi alrededor se fue derrumbando, solté los amarres y pedí ayuda. Sin embargo no te platicare sobre como logre salir de aquel incendio personal, quiero platicarte de un día de los que viví recluida, un día que no se me olvida.

Tuve la suerte de contar con el apoyo de mi familia lo cual me permitió no ir a recluirme a uno de esos lugares en los que te tratan realmente mal; a decir verdad estuve en la gloria. El centro al que fui se encontraba justo a la orilla de la laguna de Bacalar y las instalaciones eran de primer nivel. Dos días a la semana me daban un masaje por las mañanas en todo el cuerpo para relajar mis músculos los cuales al entrar en la desintoxicación se contracturaban como si tuvieran vida propia. También por las mañanas nos daban clases de natación en la laguna o Tae Kwon Do junto a la orilla para liberar todo el estrés. Luego íbamos a clase de Yoga y después teníamos actividades educativas, de integración o terapéuticas. Dependía del día de la semana. La idea central era mantenernos ocupadas y ocupados durante todo el día. El lugar en ocasiones hacia que lo que estaba viviendo fuera un poco soportable pero realmente fue una etapa difícil, era un cambio total de hábitos. Tuve días muy difíciles y de mucho trabajo personal, aprendí, acepte y entendí muchas cosas, también me negué a ver otras tantas que  más tarde pasaron factura. Teníamos a nuestro servicio las veinticuatro horas del día a doctoras, enfermeras, psicólogos, psicólogas, psicoanalistas y trabajadoras sociales que nos acompañaban todo el tiempo, se turnaban, no teníamos permitido estar solas y solos. Los únicos momentos a solas eran en el baño o la ducha; incluso en mi habitación siempre dormía una enfermera en la cama de al lado para cualquier situación; cuando tu cuerpo se está desintoxicando los llamados “sueños de consumo” son casi diarios y en ocasiones despiertas sudando, con una ansiedad que te atraviesa y una incertidumbre que no sabes ni que sucede contigo. Había una enfermera que roncaba como si hubiera truenos en el interior de su cuerpo queriendo salir y yo sufría tanto cuando a ella le tocaba la guardia nocturna en mi habitación, la veía llegar y ya sabía que no lograría dormir con la orquesta que se aventaría. Me pesaba un chingo porque las levantadas eran forzosamente a las seis de la mañana y por ninguna razón nos permitirían tomar una siesta más tarde, estaban prohibidas.

Ahora vamos a la sustancia. Entre el personal que trabajaba en el centro de rehabilitación estaba este individuo del cual ya no recuerdo su nombre, es una lástima porque me encantaría que estas letras llegaran a sus manos. Lo llamaremos: Sr. X.  Las funciones de esta persona en el centro nunca me quedaron claras, pero él nos daba la clase de literatura de los doce pasos de los Alcohólicos Anónimos (AA) y posteriormente teníamos sesiones de AA dos veces por semana y además los sábados teníamos las sesiones con invitados externos, integrantes de grupos de AA de Bacalar y Chetumal. Las reuniones de los sábados me gustaban porque podía comer galletas y tomar café, muchísimo café; entre semana el azúcar y la cafeína estaban prohibidas.

Cierta mañana nos encontrábamos dos compañeros y yo en la sesión de AA con el Sr. X y teníamos que hablar de las formas en las que quizá llegamos a manipular a las personas para conseguir dinero y poder pagar nuestras drogas o en su defecto teníamos que contar que tanto habíamos hecho para conseguirlas y había que hacerlo sin censura porque a grandes rasgos de eso trata todo el show de AA. Mis dos compañeros platicaron sus experiencias, no recuerdo que tanto contaron pero todos los adictos hacemos pendejadas por drogas así que piensa en las peores historias, con los peores finales y eso es lo que probablemente dijeron, finalmente llego mi turno.  Es importante mencionar que durante las intervenciones el Sr. X podía cuestionarte para ampliar lo que estabas relatando, podía hacer preguntas para desarrollar más a fondo lo que decías o incluso preguntas que te tumbaran una que otra mascara; a mí siempre me pareció que el hacía preguntas fuera de lugar, preguntas subjetivas, preguntas pendejas que lo llevaban a querer hablar de él, siempre acababa hablando de él y dándonos una catedra innecesaria de mentadas de madre y bueno… ese día lo comprobé.  

Comencé a relatar mis historias, no recuerdo que conté y súbitamente el me interrumpió.

-¿Oye pero cuando sucedió eso, que ropa traías?
-¿Perdón?
-Sí, ¿estabas usando falda, mini falda, un vestido muy pegado?
-Eso que tiene que ver.
-Pues es para darme una idea.
-Usted no tiene por qué darse una idea con la ropa que yo traía, usted tiene que prestar atención a lo demás, a lo importante.
-Te pregunto esto porque quiero ampliar y entender mejor el contexto.
-En esta historia no hay ningún contexto que se pueda relacionar con la ropa que traía.
-Pues es que en mi experiencia ustedes las damitas siempre usan sus atributos para consumir drogas. Y supuse serias más honesta con nosotros, todos queremos oír la verdad. Admite que usaste tu cuerpo y la ropa que usabas para obtener drogas.

No podía creer lo que estaba escuchando. Mis compañeros comenzaron a reír y yo a sentirme nerviosa y el mantenía su mirada fija en mí con un rostro que desacreditaba todo lo que podría salir de mi boca en ese momento, me quede muda por un largo periodo, intente continuar mi historia pero ya se había encendido la mecha en los ojos de los tres hombres presentes y por un momento me sentí la puta que el quería que yo describiera ¿Qué carajo importaba la ropa? Me reventó el cerebro, me baje del podium, camine hacia la dirección.

-¿A dónde vas?
-A preguntar si la ropa que usaba cuando me drogaba es importante para mi rehabilitación.
-No puedes ir a ningún lado sin mi permiso.

Evidentemente no le hice caso y fui a pedir hablar con el director del centro. No me dejaron hablar con él, me pidieron que me calmara y mandaron a una enfermera por mí para llevarme a mi habitación, mientras el director se desocupaba. En el camino le platique a la enferma, estoy segura que en el fondo podía entenderme pero por la posición laboral en la que se encontraba dentro de ese organigrama le era imposible ejercer una opinión. Solo me decía que me tranquilizara y que no me metiera en problemas. Más tarde llego la trabajadora social a platicar conmigo y obtuve la misma respuesta. Nuevamente externe que no iba presentarme a ninguna actividad hasta que me dejaran hablar con el director del centro. No recuerdo cuanto tiempo transcurrió pero fueron por mí y me llevaron a la sala de juntas, en la reunión estaba el Sr. X, la psicóloga del centro, la trabajadora social y el director.

-A ver ¿Que paso? – me dijo el director
-Eso es lo que yo quiero saber, quiero saber qué es lo que este señ….
-Está exagerando eso es lo que pasa – Interrumpió el Sr. X
-¿Estoy exagerando? ¿Eso es lo que usted piensa?
- A ver, ya, tranquilícense los dos y cuéntame que paso – replico el director
-Estábamos en clase de doble AA y nos pidió hablar de situaciones personales relacionadas con lo que hayamos hecho para consumir, mis dos compañeros hablaron antes que yo y cuando yo comencé a hablar el señor comenzó a preguntar sobre que ropa estaba usando, que si usaba falda o vestido pegado ¿Por qué a mis compañeros HOMBRES no les hizo la misma pregunta? ¿Para que el necesita saber que ropa traía? ¿Eso ayuda en mi rehabilitación?
-Bueno, el Sr. X necesita conocer los detalles de sus historias. Debes saber que él es el experto, es una persona con mucha preparación, muy confiable y no creo que  haya preguntado con otra intención
-Así es, lamento que lo hayas malinterpretado yo solo estaba tratando de ampliar la historia – Aseguro el tipejo del Sr. X.
-¡Pero después usted dijo que yo tenía que admitir que había usado mis atributos para usar drogas y usted jamás le hizo esos comentarios a mis compañeros HOMBRES ahí presentes!
-Yo creo que estás viendo cosas donde no las hay y que debes calmarte – me dijo el director

Sentí un coraje terrible, veía al Sr. X a la cara y tenía una mueca torcida, él estaba tratando de no sonreír. Mire a los ojos a la psicóloga y me hizo saber en esa mirada que era una batalla perdida. Salí enojadísima de la sala de juntas y lo peor era que me faltaban muchos días ahí, tendría que verlo diario.

El intento acercarse a mí en un par de ocasiones más, lo hacía de manera sutil y siempre enfrente de más hombres, me ponía en su territorio y jugaba todas sus cartas. Al salir de ahí me entere que tenía que continuar mi tratamiento afuera con pláticas diarias y para mi desagradable sorpresa él era quien daba esas pláticas. No soportaba mirarlo, me ponía de mal humor, a esas platicas no iba sola, mi mamá las tomaba conmigo y me daba tanto coraje no poder decir nada. Un día simplemente deje de ir y nunca dije porque, detuve el tratamiento de mi rehabilitación por el acoso del Sr. X y eso a la larga trajo sus consecuencias, aún no estaba lista para enfrentarme al mundo en sobriedad era evidente que iba recaer y así fue, recaí, rebote y tuvieron que pasar mucho años y una serie de eventos desafortunados para salir de eso. Sé que dirás que debí confrontarlo con más fuerza o no quedarme callada pero te estoy hablando de hace diez años, el mundo era distinto, yo era distinta, en ese momento entendía que esas cosas no estaban bien pero todas las personas a mi alrededor lo normalizaban y tampoco es cómo que las cosas en la actualidad hayan cambiado mucho; pero yo cambie y deje de rodearme de gente que normaliza las violencias.

miércoles, 20 de marzo de 2019

2018


Una interminable lista de cosas sucedieron, era evidente que después de fondear no quedaba otra opción más que ir hacia cualquier otro lado que no sea el fondo. Lo increíble es… lo difícil que se vuelve ver hacia esos otros lados cuando estas realmente convencida de que estas en el fondo. El 2018 fue un año de mucha introspección, me enfoque en mi vida profesional cómo nunca antes y rindió y sigue rindiendo frutos, hoy más que otros días estoy convencida que los limites están en nuestras mentes. La mente humana es un escondrijo de enigmas inagotables, es el nido de preguntas que no se responden enseguida pero que un día en el momento que menos esperes la respuesta llegara a ti; pero no te emociones, siempre llegan de la mano con nuevas preguntas, son en el mejor “combo cuates” para patearte el trasero y sacudirte todo. La mente es exactamente lo que ves todos los días cuando deambulas por la calles, es justo ese desorden de materia en movimiento.

Cambiamos todos los días y eso me pone en éxtasis. He desarrollado una adicción por ingresar a mi cerebro una cantidad excesiva de información que no me es posible retener pero es que no la quiero memorizar, me gusta la explosión que causa en mi cerebro cada que nuevas cosas atraviesan mis sentidos. Ayer escuche tres conferencias mientras hacia mi jornada de 8 horas. Se ha vuelto un ritual introducir a mi cuerpo información variada mientras hago los billetes. Es frecuente llegar a casa echando humo de tanto pensar pero es que de todo lo que escucho pesco dos que tres cosas que me mueven TODO, me catapultan a espacios que no conocía y que belleza esta de cuestionarse TODO, de dudar de TODO, sin saber que coños es exactamente el TODO y la NADA, como han sido nombrados.

No siempre este ejercicio es tan fascinante como lo he descrito, en otra tantas ocasiones es bastante brutal y agotador pero a veces aunque quiera creer que eso de tener una personalidad “adictiva” es solo una etiqueta que me inventaron, me descubro sorpresivamente sustituyendo adicciones por otras y ya mejor sonrió y me siento a disfrutar los agudos, los llanos y el trampolín, y ya mejor también trato de sacarle jugo.

Este ha sido un ejercicio breve de reincorporación a este otro vicio de las letras, me he sentido incapaz de escribir, me he quedado incontables veces viendo parpadear el cursor y entonces hoy he decidido hacerle frente, mañana no lo se.