Falta
poco más de un mes para cumplir 29 años y me siento como un delicioso vino; más
vieja, más ácida, con más sabor, más
ligera, más sabrosa. Mis aventuras más recientes las he liado entre letras,
libros, seminarios, marchas, reuniones y noches de introspección. Estoy leyendo
muchísimo. Hace un par de meses en el seminario de Marcela Lagarde y de los
Ríos alce la voz frente a ella y otras tantas personas que ahí estaban, dije
que iba usar mi arte, mi cuerpo y mis letras para la lucha de la causa que más
me necesita: Las mujeres. ¡No mentí! ¡No hable de dientes para afuera! Realmente
estoy comprometida en desbaratarme en esta lucha. ¡Ni una menos! ¡No más
violencia para las mujeres!
Estoy harta
de tener que soportar que cualquier cabrón crea que tiene derechos sobre mi
cuerpo. De caminar con miedo por las calles y no saber en qué esquina estará un
imbécil esperándome para dañarme. ¡Estoy harta de que nos maten! ¡Que nos
violen! ¡Que nos violenten!
Estoy
alerta. Estoy en la cacería de ideologías retrogradas. No tengo miedo. El miedo
abandono mi cuerpo desde hace mucho. Quiero equidad para todas las mujeres que
habiten este mundo y para las que estén en camino. No voy a consentir ningún comentario
sexista, misógino o racista, venga de algún hombre o de alguna mujer. Si te
sorprendo siendo una persona violenta, ten por seguro que de mí no te vas a
olvidar. Voy a crucificarte de la forma más diplomática, voy a reeducarte
porque esas malas prácticas solo pueden ser fruto de una sola cosa: La
ignorancia.
Y créeme,
esto apenas comienza…