Una interminable lista de
cosas sucedieron, era evidente que después de fondear no quedaba otra opción
más que ir hacia cualquier otro lado que no sea el fondo. Lo increíble es… lo difícil
que se vuelve ver hacia esos otros lados cuando estas realmente convencida de
que estas en el fondo. El 2018 fue un año de mucha introspección, me enfoque en
mi vida profesional cómo nunca antes y rindió y sigue rindiendo frutos, hoy más
que otros días estoy convencida que los limites están en nuestras mentes. La
mente humana es un escondrijo de enigmas inagotables, es el nido de preguntas
que no se responden enseguida pero que un día en el momento que menos esperes
la respuesta llegara a ti; pero no te emociones, siempre llegan de la mano con
nuevas preguntas, son en el mejor “combo cuates” para patearte el trasero y sacudirte
todo. La mente es exactamente lo que ves todos los días cuando deambulas por la
calles, es justo ese desorden de materia en movimiento.
Cambiamos todos los días y eso
me pone en éxtasis. He desarrollado una adicción por ingresar a mi cerebro una
cantidad excesiva de información que no me es posible retener pero es que no la
quiero memorizar, me gusta la explosión que causa en mi cerebro cada que nuevas
cosas atraviesan mis sentidos. Ayer escuche tres conferencias mientras hacia mi
jornada de 8 horas. Se ha vuelto un ritual introducir a mi cuerpo información
variada mientras hago los billetes. Es frecuente llegar a casa echando humo de
tanto pensar pero es que de todo lo que escucho pesco dos que tres cosas que me
mueven TODO, me catapultan a espacios que no conocía y que belleza esta de
cuestionarse TODO, de dudar de TODO, sin saber que coños es exactamente el TODO
y la NADA, como han sido nombrados.
No siempre este ejercicio es
tan fascinante como lo he descrito, en otra tantas ocasiones es bastante brutal
y agotador pero a veces aunque quiera creer que eso de tener una personalidad “adictiva”
es solo una etiqueta que me inventaron, me descubro sorpresivamente sustituyendo
adicciones por otras y ya mejor sonrió y me siento a disfrutar los agudos, los
llanos y el trampolín, y ya mejor también trato de sacarle jugo.
Este ha sido un ejercicio
breve de reincorporación a este otro vicio de las letras, me he sentido incapaz
de escribir, me he quedado incontables veces viendo parpadear el cursor y
entonces hoy he decidido hacerle frente, mañana no lo se.