Por las mañanas cuando despierto
me encanta quedarme a oscuras escuchando música por un lapso aproximado de
quince minutos; casi siempre elijo Jazz, Blues o Reggae, a veces amanezco más
intensa que otros días y elijo cantos sacros bizantinos o despierto tropical y
pongo un rico Bossa-nova.
Es probable que un día me
encuentres caminando en círculos a las 3 de la mañana, si me preguntas que me
preocupa quizá diga algo tan extraño cómo lo siguiente: “No puedo creer cómo es
que la iglesia siga argumentando tanta moralidad, si en los siglos más
florecientes de los reinados europeos permitió y consintió más de 500 años de
incestos y relaciones sexuales consanguíneas por la lucha de poder”
En medio de cualquier
conversación te pediré un segundo de pausa, correré a mi libreta y anotare un
par de ideas. En muchas ocasiones cuando conversemos, notaras que mi mente no está
ahí. Me disculpo por eso, mis ideas viajan muy rápido, hago siempre lo posible
por no fugarme tanto.
Cada que pueda te recordare lo
importante que eres para mí y lo importante que es tu existencia en este mundo.
Lo haré porque no puedo evitarlo, hay una fuerza en mi interior me incita
a dar todo de mí hasta donde se pueda, hasta el límite. He aprendido a vivir con
eso y darle el mejor uso posible. Es cómo un don de amor inagotable. Disfrútalo.
Odio la discordancia entre lo que
un ser dice y lo que hace. Me veras discutir con seres que no están en la
realidad, seres que viven mundos de fantasía. Seres que dañan al prójimo en
cierto tipo de egoísmos que no vale la pena cultivar.
Me encanta reír y hacer reír a
las personas. El 99.9% de las veces te sacare una sonrisa. El 0.1% de las veces
me odiaras pero tú sabes que del odio al amor hay un solo paso.
Debes saber que para escribir
solo tengo un lema: “Si cuando me lees no te enamoras de mí, entonces estoy
escribiendo mal”
