Sé que un día mi corazón va dejar
de latir. Sé que puede suceder en cualquier momento. Quizá una mañana no
despierte o quizá se detenga en medio de una discusión, odiaría que sucediera
mientras miro una película de suspenso o de terror, por eso evito ese tipo
de películas y eso es quizá lo más hipocondríaco que hay en mi ser. Mi abuela murió
de un paro cardíaco, nunca supimos si tuvo el paro antes de caerse en el baño o
si se cayó y luego tuvo el paro. Lo que si se es que odiaba que el baño se
quedara mojado, no secar el baño después de ducharte era un boleto seguro a
recibir la furia de la abuela ¿irónico no? todo indica que se resbalo porque
alguien olvido secar el baño.
Las mujeres en mi familia somos propensas
a las enfermedades cardíacas. Yo ya tuve un susto hace un par de años, no
entrare en detalles y bueno… con suerte llegare a los 60. Cuando tenía 15 años decía
que quería morir a los 25 para morir joven y bella ¡Que pendejada! Definitivamente
ahora quiero morir a los 35, para morir joven, bella y empoderada ¡Es broma! Ya
me resigne a que tengo que echarle ganas a este show, aunque muchas veces no
entienda que está sucediendo, parece ser que: “TODO SUMA”
Regresando a lo del corazón,
honestamente creo que antes de que se detenga alguien me lo va hacer pedacitos,
del tamaño de micras y no habrá vuelta atrás, entonces ese día voy a desear que
se detenga y lo voy a lograr, tarde o temprano. Soy asquerosamente romántica. No
ingenua, solo romántica y eso a veces no es tan divertido. No es mi culpa, la
culpa es de la información que entró y entra a mi sistema, realmente deseo que
dejen de educarnos con historias de príncipes y princesas, ya nos jodieron la
existencia suficiente. Es difícil cambiarse el chip, no imposible, solo difícil,
no sé si algún día logre sacarme todos los chips que me estorban en la maceta. El punto aquí es cuidar lo que
uno mete al cuerpo, en todos los sentidos… por medio de todos los sentidos. El
bombardeo de información basura es cada día más grande e inminente, cada día
nos saturamos más y más. Hay días que quisiera no abrir los ojos y no mirar todo
el desperdicio que se publica en Internet, hay días que quisiera lidiar con mi
propia mierda y no tener que tragarme la de otros de manera involuntaria. Yo
creo que ya estamos entumidos con tanta chingadera. Ayer juraría que perdí una
hora de mi vida mirando vídeos en Instagram en una cuenta donde una chica asiática
arroja su rostro contra distintos tipos de pan hasta lograr despedazarlos, la cuenta tiene 172 mil seguidores y hoy solo
quiero pensar que algún día eso me va servir para algo. Quizá sí, porque ahora sé
que las magdalenas son más resistentes que los croissants y por supuesto una
magdalena sería una buena arma de defensa en alguna discusión sin sentido con
alguna persona sin sentido. La próxima vez
que compre un pan bon beliceño voy a tener los peores pensamientos, lo sé.
Hay tantas formas de entumirse el
cerebro y no pensar más allá de lo que ya está dicho. Cada quien elige su “apendejador” y lo abraza de la forma que
quiere. Yo a veces me distraigo con cosas tan banales que acabo enojada
conmigo, me regaño y entonces hago de mi ocio algo que me de satisfacciones.
Todo se resume al placer. Por eso solo le prendo velas a Epicuro, al Tinder
y a mi insaciable sed de saber. Placeres, dulces y odiados placeres. Con eso de
que viviré poco, me vierto sin miedo a casi todo y eso sucedió cuando entendí que
todo se puede ir al caño en un parpadeo. Aún tengo reservas pero trabajo en
ellas. Mi receta recomendada es aventarse sobre las artes como un león, abalanzarse
sobre el prójimo como un Koala y darles toneladas de abrazos, compartir sobre las mentes las cosas de las que tengamos
certeza y mantenerlas regadas todo el tiempo con ríos de conocimiento, en algún
punto algo tendrá que brotar de ahí.
Hace un tiempo un muy buen amigo
me dijo que lo único que odiaba de mí era que quería pasarme de lista todo el
tiempo. Me hizo reír y después me dio a pensar muchísimo, lo mire a los ojos y entendí
que lo que dijo no era personal, era simplemente la voz de una sociedad
hablando a través de su boca. Realmente creo que es importante tomar en cuenta
desde donde una persona lanza un absoluto, su construcción, su
entorno, sus ventajas y sus limitaciones. Sonreí y le dije: ¡Entonces espero
que lo que más amas de mi te mantenga cerca! y se rompió la tensión. Cuando
recuerdo ese episodio solo puedo pensar en ¿cómo es posible que naturalmente querer ir más
allá más sea tan aberrante para una sociedad? Hay algo muy jodido en esta
cultura mexicana y si, por supuesto que si seguimos educando mocos que crean que es más importante
ser “el más chingón” con connotaciones muy alejadas de ser “el más inteligente”
y totalmente enfocadas a ser “el o la más fuerte”, “El vergas”, “El o la más
cabrona”, “El Babo” o “La Jenny” estaremos jodidos por siempre.
Cuando estoy sentada frente a mi
laptop a las 4:00 am tirando mi verborrea, siempre hago lo posible porque sume
y no reste. Aunque a veces solo logre escribir esbozos de lo que realmente
quisiera decir, creo que debo seguir intentándolo y ustedes también. Hoy voy a
leer Los Cantos de Maldoror hasta que quedarme dormida, ya no se publican
libros como ese, ya no encuentro escritos como esos en los que había que
meterse una pajilla en la corteza cerebral y sorber hasta que se seque, salga
lo que salga. No solo escupir tres versos y sentirse Benedetti. Ayer me tope en
las redes una imagen de la chingadera de “Te choca, te checa” es tan 90’s, esa
frase romántica no aplica en el mundo real. Habrá miles de proyecciones sobre
lo que te choca pero no necesariamente te checa, hay personas que simplemente
se educaron o se educan en la antipatía y ese es su mundo feliz, hay que
respetarlo. Basta de decretos de bolsillo. Me cagan el 90 % de los aforismos, el
otro 9 % aún me produce placer y el 1 % sale de mi cabeza todo el tiempo y de ahí
desarrollo textos, entonces los tolero porque son la puerta de entrada y bueno al parecer TODO SUMA.

Jardín de Epicuro