En algún tiempo estuve
engolosinada con la encargada del videoclub más cercano a casa, solía ir hasta
tres veces por semana a rentar películas, miraba hasta dos diarias con tal de
tener un pretexto para regresar pronto. Me encantaba conversar con ella, le
pedía recomendaciones, le sacaba plática sin llegar a verme tan obvia. Era como
si el tiempo en su compañía pasara más lento, le saboreaba la boca y me daban
ganas de lamerle hasta la blancura de los dientes, ella no lo notaba pero yo sentía
que su mirada penetraba hasta por debajo de mi dermis y esa sensación me hacia apretar
las piernas constantemente y pensar en envolverme en sabanas con ella. Nunca le pregunte su nombre, ni ella pregunto
el mío, en realidad para ella yo era una
cliente más y para mí era una distracción vespertina dado que tenía una ausente
novia a la cual veía cada que a ella le diera la gana; pero ese no es mi
pretexto para justificar mi coqueteo, en realidad: soy una autentica
depredadora sexual; disfruto el juego de cazador-presa, disfruto torear a las
ganas, robar miradas, sonrojar, hacer que aprieten los dientes de decidía o
excitación, busco reacciones y las encuentro.
En el videoclub había un
cibercafé y me echaba hasta dos horas en el lugar conversando banalidades en el
entrañable “Messenger” pero siempre con la mirada puesta en ella. Una tarde que
llegue al videoclub ya no estaba, había renunciado, se acabó el juego. No dure
mucho en encontrarme otro.
No sé con exactitud cuántos años
pasaron, solo sé que una noche que andaba de antro sentí una mirada desde una
mesa cercana, era ella. Era ella y ahora se veía exquisitamente madura, era
ella y supe que no me reconoció porque en su mirada tenía un desconcierto típico
de cuando miras a tu presa por primera vez.
-¿Te acuerdas de mí?
-… No
- Que mal, deberías acordarte de mí,
me acabas de romper el corazón.
- ¿Por qué debería?
-Porque hace años quería meterme
a la cama contigo
-¿Y ya no quieres?
-Si quiero.
Lo sé, todo apunta a que me
encame con la chica del videoclub y en realidad lo hice, solo que me arrepentí a
medio acto. Me detuve y le dije que prefería esperar a conocernos mejor, aun no
sé qué paso, ni porque lo hice, son de esos acertijos que poco importa
resolver. Ella se enamoró de lo que le dije y al día siguiente me despertó con
una canción que nunca había escuchado:
De antes - Cultura profética
“Yo a ti te conozco de antes…. He
visto esos andantes….” Así comienza, amo esa canción.
Creo que esa melodía fue lo más
rescatable de esta historia, eso y que aquella no dejo de hostigarme durante días
y en ese lapso conocí a una de sus mejores amigas, quien por cosas de la vida apareció
para tomar mi corazón e hincharlo de amor para luego hacerlo pedacitos, ya les contare.