Vivo cerca del tren ligero que atraviesa
la ciudad de norte a sur y viceversa. Ir de la estación más cercana
a mi casa a la estación más cercana al trabajo me toma 10 minutos, si le
agregamos tiempo de espera en el andén van 7 minutos extras y tiempo de
caminata de casa a la estación y de la otra estación al trabajo son 10 minutos
más. Tardo casi 30 minutos en llegar al trabajo y la hora de entrada es a las 8
am; aun así mi cuerpo persiste con un impulso apasionado en despertar a las
7:40 am. No recuerdo cuando fue la última vez que logre llegar antes de las 8
am al trabajo.
Hoy se me hizo tarde para venir a trabajar, todo
el camino delibere sobre la excusa que iba decirle a mi jefe para justificar mi
retardo número #109. “Me quede dormida,
una disculpa” es algo que en un principio funciono y me dio puntos por honestidad
y valores civiles pero a estas alturas lo más honesto que podría decirle es
algo como: “Me valió madre por vez #109 y me desvele bien cabrón, escuche sonar
la alarma cinco veces y me seguí la jeta, me levante en chinga cuando me di
cuenta que había mucho sol entrando por la ventana, ni tiempo de bañarme me dio
pero… oiga aquí estoy, deme algo de crédito”.
Por ahora voy casi por salir a la
hora de la comida, por el momento no hay pendientes laborales. Es curioso como mi mochila paso de tener
libretas a pinches “tuppers”. A veces
me llevo en los “tuppers” hasta la
salsa que le quiero poner a mis quesadillas del desayuno o incluso he cargado
con el potaje de lentejas del día anterior envuelto en tres bolsas de plástico con el miedo a que se derrame en toda la mochila y que no te quede duda, también
cargo el respectivo limón ¿Qué son los potajes de lentejas sin limón? Pero la
realidad es que me quedo muy corta comparada con aquella chica que carga en su mochila
postres, galletas y lo que sea que sea masticable para comer durante todo el
día. No es por ser quisquillosa pero también carga con una tabla de madera y un cuchillo para cortar frutas
o verduras, es bastante funcional, siempre que requiero cortar algo, su cuchillo
está disponible; al menos puedo despreocuparme de cargar con un cuchillo
para mis limones.
Tengo cuatro meses en este trabajo,
no es mi primer trabajo de oficina pero en este es donde me he vuelto toda una
experta en tener confrontaciones vía e-mail con los colaboradores que se
atrevan a poner en duda mis capacidades. Me he vuelto una despiadada fiera
electrónica con la que nadie debe meterse públicamente al menos que tengan
suficientes bases, de lo contario corren el riesgo de ser de una manera muy diplomática: públicamente
exhibidos o exhibidas. “Responder a todos” puede ser un arma mortal cuando
alguien quiere dejarte en menos y acaba por convertirse en la representación de
aquel refrán que dice “Si no tiene nada bueno que decir mejor cállese el
hocico” o algo así iba.
De lunes a viernes enfrento las batallas
Godínez de tener que lidiar con seres que no se comprometen realmente con sus
obligaciones laborales o vienen simplemente a dar su respectivo -110%. En ocasiones caigo viciada en los procesos
administrativos y salgo de aquí con dolores de cabeza masivos. Nunca pensé que podría
sufrir de ese tipo de dolores de cabeza.
Por lo pronto llevo más de un mes enferma de gripe y tos, ningún medicamento
hace efecto, las malas lenguas empíricas y científicas dicen que es: Estrés.
Lo que más me ha impactado de
ser una Godínez es que hoy note que tengo meses sin saludar por las mañanas al vigilante de la empresa; Don Julio. Ya no le sonrió, ni le pregunto cómo le va. Me he convertido en una
monstrua, esto tiene que parar.
PD. Como el mundo es pequeño y la
espiral nunca se detiene. Si esto cae en manos de la empresa donde trabajo. No impriman
este documento, hay que cuidar la huella de carbono. Pero doy mi autorización
para ser replicada en correos por toda la empresa, esta información tiene que
llegarle al querido Don Julio: ¡Gracias por resistir todos estos años y seguir
manteniendo esa sonrisa! Deme la receta, me he convertido en lo que más detesto
de la sociedad o alguna alienación parecida.
¡Vive la Resistance!
