viernes, 12 de agosto de 2016

¿A los cuantos días te conviertes en una Godínez?

Vivo cerca del tren ligero que atraviesa la ciudad de norte a sur y viceversa. Ir de la estación más cercana a mi casa a la estación más cercana al trabajo me toma 10 minutos, si le agregamos tiempo de espera en el andén van 7 minutos extras y tiempo de caminata de casa a la estación y de la otra estación al trabajo son 10 minutos más. Tardo casi 30 minutos en llegar al trabajo y la hora de entrada es a las 8 am; aun así mi cuerpo persiste con un impulso apasionado en despertar a las 7:40 am. No recuerdo cuando fue la última vez que logre llegar antes de las 8 am al trabajo.

Hoy  se me hizo tarde para venir a trabajar, todo el camino delibere sobre la excusa que iba decirle a mi jefe para justificar mi retardo número #109.  “Me quede dormida, una disculpa” es algo que en un principio funciono y me dio puntos por honestidad y valores civiles pero a estas alturas lo más honesto que podría decirle es algo como: “Me valió madre por vez #109 y me desvele bien cabrón, escuche sonar la alarma cinco veces y me seguí la jeta, me levante en chinga cuando me di cuenta que había mucho sol entrando por la ventana, ni tiempo de bañarme me dio pero… oiga aquí estoy, deme algo de crédito”.

Por ahora voy casi por salir a la hora de la comida, por el momento no hay pendientes laborales.  Es curioso como mi mochila paso de tener libretas a pinches “tuppers”. A veces me llevo en los “tuppers” hasta la salsa que le quiero poner a mis quesadillas del desayuno o incluso he cargado con el potaje de lentejas del día anterior envuelto en tres bolsas de plástico con el miedo a que se derrame en toda la mochila y que no te quede duda, también cargo el respectivo limón ¿Qué son los potajes de lentejas sin limón? Pero la realidad es que me quedo muy corta comparada con aquella chica que carga en su mochila postres, galletas y lo que sea que sea masticable para comer durante todo el día. No es por ser quisquillosa pero también carga con una tabla de madera y un cuchillo para cortar frutas o verduras, es bastante funcional, siempre que requiero cortar algo, su cuchillo está disponible; al menos puedo despreocuparme de cargar con un cuchillo para mis limones.

Tengo cuatro meses en este trabajo, no es mi primer trabajo de oficina pero en este es donde me he vuelto toda una experta en tener confrontaciones vía e-mail con los colaboradores que se atrevan a poner en duda mis capacidades. Me he vuelto una despiadada fiera electrónica con la que nadie debe meterse públicamente al menos que tengan suficientes bases, de lo contario corren el riesgo de ser  de una manera muy diplomática: públicamente exhibidos o exhibidas. “Responder a todos” puede ser un arma mortal cuando alguien quiere dejarte en menos y acaba por convertirse en la representación de aquel refrán que dice “Si no tiene nada bueno que decir mejor cállese el hocico” o algo así iba.

De lunes a viernes enfrento las batallas Godínez de tener que lidiar con seres que no se comprometen realmente con sus obligaciones laborales o vienen simplemente a dar su respectivo -110%.  En ocasiones caigo viciada en los procesos administrativos y salgo de aquí con dolores de cabeza masivos. Nunca pensé que podría sufrir de ese tipo de dolores de cabeza.  Por lo pronto llevo más de un mes enferma de gripe y tos, ningún medicamento hace efecto, las malas lenguas empíricas y científicas dicen que es: Estrés.

Lo que más me ha impactado de ser una Godínez es que hoy note que tengo meses sin saludar por las mañanas al vigilante de la empresa; Don Julio. Ya no le sonrió, ni le pregunto cómo le va. Me he convertido en una monstrua, esto tiene que parar.

PD. Como el mundo es pequeño y la espiral nunca se detiene. Si esto cae en manos de la empresa donde trabajo. No impriman este documento, hay que cuidar la huella de carbono. Pero doy mi autorización para ser replicada en correos por toda la empresa, esta información tiene que llegarle al querido Don Julio: ¡Gracias por resistir todos estos años y seguir manteniendo esa sonrisa! Deme la receta, me he convertido en lo que más detesto de la sociedad o alguna alienación parecida.


¡Vive la Resistance!