jueves, 14 de enero de 2016

Tengo una bolita que me sube y me baja

Siempre que voy en el camión rumbo al trabajo me topo a dos o tres lectores. Algunos sentados, algunos parados columpiándose con una mano y con la otra sosteniendo el libro, pero todos muy embelesados en su lectura, ignorando la urbe, sumergidos en historias únicas. Me gusta leer el título de sus libros e imaginar el contenido y a veces lanzo juicios sobre el lector basada por supuesto en lo que están leyendo, lo sé, no debería, pero mis vicios de personalidad hacen de las suyas. Me gusta mirarlos, me agrada verlos estimulando su cerebro, aunque debo admitir que lo que más me producen son sentimientos entre la añoranza, tristeza y envidia, así de complejo.  

De todos los dones que se me fueron otorgados el de “leer en movimiento” se me ha negado de naturaleza desde que puedo recordar; en cuanto lo intento el mundo comienza a girar junto con las letras, acabo mareada y con un dolor de cabeza impresionante. No duro ni 5 minutos cuando comienzo a sentir que algo anda mal, es duro privarme de ese placer pero no se puede tener todo en esta vida.

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