viernes, 25 de marzo de 2016

Patrimonio de la urbanidad

Me encantan los tugurios. Me encanta ver a “Sahara” frotándose contra el bulto de aquel tipo que bien podría ser tu padre o tu hermano, realmente no importa. Disfruto mirar a “Lola” intentando mantener el equilibrio después de los llavazos de coca que se echó en el baño y que en su euforia presume los dos únicos pasos de samba que aprendió en unas clases cuando era adolescente; sin duda le han sido funcionales, es la estrella del lugar. Confieso que tengo una estrecha empatía con estos lugares de la noche donde coexisten diversos personajes que son hijos de la calle misma, del devenir diario y del empañe cultural, estos seres deberían ser declarados patrimonio de la urbanidad. 

Hace tiempo que no me asomo por un lugar de estos, justo ahora se me vino a la mente la hermosa “Rosa”, nunca supe si era su verdadero nombre pero esta joya de la noche tenía 43 años y parecía de 30, cargaba unas prominentes nalgas que no dudaba en utilizar como arma mortal durante sus bailes y en cada paso dejaba un perfume que hechizaba a cada asistente; y en efecto, nadie podía dejar de mirarle el culo. Parecíamos perros sedientos mirándole la grieta trasera como si de ahí naciera el agua de redención, solo podías pensar en atravesarla como brocheta hasta el cansancio, justo ahora puedo recordarla meneando sus nalgas a 15 cm de mi rostro para después encontrar su mirada incitadora acompañada de una sonrisa retorcida.

-¿Por qué te pones tan nerviosa mi niña? – Me decía después de show – Cuando quieras podemos ir a la casa y te hago un bailesito para ti solita eh.

-Gracias Rosita, lo considerare. Por ahora solo quiero saber si tienes otro pasecito que me invites.

-Pareces pinche aspiradora bonita, si sigues así te me vas acabar muy joven.

-Dale Rosita, dale saca el pasesito – Le decía mientras le sonreía

-Como me encantas pinche chamaca, dale vamos rapidito que no quiero que se den cuenta estas cabronas y luego me estén pidiendo. Este nos lo vamos a echar tú y yo nada más.

Y ya metidas en el asunto, siempre me decía.

-Te cambio los pasesitos por besitos, ¿cómo ves? 

-Ándale ya sabes que sí pero de piquito.

-¡Cabrona, te gusta tentarme! – y levantaba la ceja izquierda.

-Ándale Rosita, ya no le hagas, me sonrojas, dale.

Siempre rechace todas las propuestas de Rosa, no era porque no me gustara, simplemente en aquellos días solo fantaseaba con inhalarme toda la cocaína del mundo y bueno no es de orgullo pero totalmente le coqueteaba por “pasesitos” siempre traía muy buen material, que más se podía esperar de aquel escultural patrimonio de la urbanidad.

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