Éramos conocidas de tiempo atrás,
amigos en común; pero nunca habíamos conversado a pesar de que nos teníamos en Facebook
y por razones que desconozco comenzó a comentarme todas y cada una de mis
publicaciones. En esos días vivía en Playa del Carmen y asumía que ella en
Chetumal, un día entre sus comentarios en mis publicaciones me indico vivía en
Playa del Carmen y le conteste que yo también.
Enseguida me escribió un mensaje
privado:
– Hay que vernos, hay que vernos
hoy.
– Arre, salgamos hoy.
Fuimos a un bar que tocaban Reggae en vivo, pedimos un par de cervezas, estuve coqueteando con el vocalista
de la banda como de costumbre, ya se había vuelto casi un ritual de los jueves.
Mi acompañante noto el juego de miradas que me traía con el vocalista; por lo
cual realizo una abrupta y acertada intromisión, me dio un beso en los labios y
sonrió. No dude en contestarle el beso, seguido de un par más, y otro y otro,
estuvimos dando un show digno de causar erecciones a cualquier individuo
presente, beso aquí, beso allá, mano aquí, mano allá. Salimos del bar agarradas
de la mano, caminamos toda la avenida 12, doblamos por la calle 10 en dirección
a la Av. Constitución, en el camino encontré un rincón perfecto para continuar
lo pendiente, la empuje contra la pared y comencé a devorarle la boca, acaricie
sus senos, le desabroche los jeans y rápidamente metí mis
dedos en su pantalón para acariciar su clítoris, estaba escurriéndose en mi
mano.
– ¿Por qué no habíamos hecho esto
antes? – Me dijo
Fuimos a su casa, entramos a su
habitación, comenzamos a quitarnos la ropa, me mordía los hombros con
desesperación, me encantaba lo que estaba sintiendo, le quite toda la ropa y me
dispuse a darle una larga sesión de sexo oral, gemía y entre dientes me decía que
si quería ser su novia, ignore el comentario, sabía que no era en serio, estábamos
realmente ebrias; así que le tape la boca y continúe comiéndole el coño durante
un largo rato. Debo decir que darle sexo oral a una mujer es uno de los
placeres que más disfruto y de recibirlo, ni se diga, solo de pensarlo aprieto
las piernas.
Desperté a medio día asustada, no
sabía dónde estaba, mire hacia un lado y la mire desnuda junto a mí, me quede mirándola un par de segundos, sonreí y rápidamente
me dispuse a terminar lo que no recordaba si había terminado. Me subí encima de
ella y comencé a frotar mi clítoris con el suyo, despertó y me siguió en el
movimiento mientras me lamia el cuello. Toda la combinación de elementos me hacia excitarme más y más, el sol
entrando por la ventana iluminando su piel amarilla, su lengua en mi cuello, su
humedad y la mía, sus manos apretando mis caderas hacia ella, el calor en todo el cuerpo; cuando de repente tocaron a la puerta.
– ¡Mi papá, rápido métete al
baño!
– ¿Es en serio?
– ¡Si rápido, apúrale!
Se vistió, arrojo mi ropa debajo
de la cama, abrió la puerta, converso con su papá un momento y se despidieron,
ya se iba a trabajar.
– ¡Ya puedes salir! – Grito
– ¡Qué susto me has metido! –
Caminaba hacia ella, no estaba en mis planes irme sin
al menos tener o darle un orgasmo para recordar; así que comencé a besarle
suavemente, me respondió con una suave mordida en los labios para después dar
un paso hacia atrás.
– ¿Por?
– Tengo novio y no quiero engañarlo
más.
– Ok, está bien. Entiendo.
Pasaron 5 días cuando recibí una
llamada.
– ¿Qué no piensas hablarme?
– Ah, Hola, ¿Cómo para qué?
– Para saludarme. Te fuiste sin decirme nada y
no me has dicho nada de lo que paso, perdón por no decirte de mi novio, lo
siento, pero es que sabes me tienes pensando en ti todo el tiempo, todo el día,
estoy en Chetumal, quiero verte.
Sonreí. Mi
estrategia había funcionado.
– Mándame un
mensaje de texto con tu dirección. Paso por ti a las 7 pm. Y no, no vamos a platicar,
vamos a terminar lo pendiente.
–Sí, lo que tú
digas – Contesto.
Desde ese día
aquella chica de piel amarilla y yo, jugamos a comernos a besos durante un par
de meses. Era lógico, no iba durar, nada que incluya engaños puede acabar bien.
A veces, extraño
vagar por sus caminos amarillos hacia Oz y llevarme su piel entre las uñas.
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