martes, 17 de noviembre de 2015

Dorothy

Éramos conocidas de tiempo atrás, amigos en común; pero nunca habíamos conversado a pesar de que nos teníamos en Facebook y por razones que desconozco comenzó a comentarme todas y cada una de mis publicaciones. En esos días vivía en Playa del Carmen y asumía que ella en Chetumal, un día entre sus comentarios en mis publicaciones me indico vivía en Playa del Carmen y le conteste que yo también.

Enseguida me escribió un mensaje privado:

 Hay que vernos, hay que vernos hoy.
 Arre, salgamos hoy.

Fuimos a un bar que tocaban Reggae en vivo, pedimos un par de cervezas, estuve coqueteando con el vocalista de la banda como de costumbre, ya se había vuelto casi un ritual de los jueves. Mi acompañante noto el juego de miradas que me traía con el vocalista; por lo cual realizo una abrupta y acertada intromisión, me dio un beso en los labios y sonrió. No dude en contestarle el beso, seguido de un par más, y otro y otro, estuvimos dando un show digno de causar erecciones a cualquier individuo presente, beso aquí, beso allá, mano aquí, mano allá. Salimos del bar agarradas de la mano, caminamos toda la avenida 12, doblamos por la calle 10 en dirección a la Av. Constitución, en el camino encontré un rincón perfecto para continuar lo pendiente, la empuje contra la pared y comencé a devorarle la boca, acaricie sus senos, le desabroche los jeans y rápidamente metí mis dedos en su pantalón para acariciar su clítoris, estaba escurriéndose en mi mano.

 ¿Por qué no habíamos hecho esto antes? – Me dijo

Fuimos a su casa, entramos a su habitación, comenzamos a quitarnos la ropa, me mordía los hombros con desesperación, me encantaba lo que estaba sintiendo, le quite toda la ropa y me dispuse a darle una larga sesión de sexo oral, gemía y entre dientes me decía que si quería ser su novia, ignore el comentario, sabía que no era en serio, estábamos realmente ebrias; así que le tape la boca y continúe comiéndole el coño durante un largo rato. Debo decir que darle sexo oral a una mujer es uno de los placeres que más disfruto y de recibirlo, ni se diga, solo de pensarlo aprieto las piernas.

Desperté a medio día asustada, no sabía dónde estaba, mire hacia un lado y la mire desnuda junto a mí, me quede mirándola un par de segundos,  sonreí y rápidamente me dispuse a terminar lo que no recordaba si había terminado. Me subí encima de ella y comencé a frotar mi clítoris con el suyo, despertó y me siguió en el movimiento mientras me lamia el cuello.  Toda la combinación de elementos me hacia excitarme más y más, el sol entrando por la ventana iluminando su piel amarilla, su lengua en mi cuello, su humedad y la mía, sus manos apretando mis caderas hacia ella, el calor en todo el cuerpo; cuando de repente tocaron a la puerta.

– ¡Mi papá, rápido métete al baño!
– ¿Es en serio? 
– ¡Si rápido, apúrale! 

Se vistió, arrojo mi ropa debajo de la cama, abrió la puerta, converso con su papá un momento y se despidieron, ya se iba a trabajar.

– ¡Ya puedes salir! – Grito
– ¡Qué susto me has metido! – 

Caminaba hacia ella, no estaba en mis planes irme sin al menos tener o darle un orgasmo para recordar; así que comencé a besarle suavemente, me respondió con una suave mordida en los labios para después dar un paso hacia atrás.

– Tienes que irte.
– ¿Por?
– Tengo novio y no quiero engañarlo más.
– Ok, está bien. Entiendo.

Me aleje de su boca, saque mi ropa debajo de la cama, me vestí sin mirarla. Agarre mi bolsa, revise tener dinero, llaves. Baje las escaleras, abrí la puerta, camine hacia una avenida y tome un taxi a casa, llegue, hice mi maleta, tenía un boleto de camión que salía a las 7 PM con destino a Chetumal eran vacaciones de diciembre iba estar tres semanas en casa de mis papas.

Pasaron 5 días cuando recibí una llamada.

– ¿Qué no piensas hablarme? 
– Ah, Hola, ¿Cómo para qué?
–  Para saludarme. Te fuiste sin decirme nada y no me has dicho nada de lo que paso, perdón por no decirte de mi novio, lo siento, pero es que sabes me tienes pensando en ti todo el tiempo, todo el día, estoy en Chetumal, quiero verte.

Sonreí. Mi estrategia había funcionado.

– Mándame un mensaje de texto con tu dirección. Paso por ti a las 7 pm. Y no, no vamos a platicar, vamos a terminar lo pendiente.
­­ –Sí, lo que tú digas – Contesto.

Desde ese día aquella chica de piel amarilla y yo, jugamos a comernos a besos durante un par de meses. Era lógico, no iba durar, nada que incluya engaños puede acabar bien.

A veces, extraño vagar por sus caminos amarillos hacia Oz y llevarme su piel entre las uñas.

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