Guadalajara, Jalisco 25 de Junio de 2016
Desde que tuve acceso al Internet he
sido muy asidua a platicar con extraños en línea. En la secundaria me quedaba
sin comer durante los recesos para guardar mi dinero y pagar $25 por una hora
de Internet en el cibercafé más cercano a casa, me causaba mucha intriga poder conectarme con personas de todo el mundo.
He conocido todo tipo de personas en Internet: pervertidos,
enamoradizos, pedófilos, poetas,
obsesivos, locas, mentirosos, músicos, abogados, actores, ninis, profesores,
pintores, ingenieros, etc… Conservo grandes amistades que nacieron de algún
“match” en alguna red social y muchos buenos y malos recuerdos de ligues. Lo
que puedo asegurar del Internet es que sea lo que sea que estés buscando lo vas
a encontrar y claro, también te vas a topar con cosas que no estás buscando pero basta un click para desparecerlas de tu vista.
Hace unos meses escuche a una persona
decir “Lo que sea que salga del Tinder no vale la pena” quise responderle pero
esos comentarios tan poco inteligentes hay que ignorarlos, más si con el tiempo
descubres que dicho individuo tiene cuenta en Tinder (nada sorprendente en
realidad). Y de Tinder puedo decir; que
en toda mi vida nunca me habían ofrecido tantos tríos, parece que a las parejas
les encanta cazar a sus víctimas por Tinder, no acepte ninguno; pero si la
oferta viniera de alguna pareja conformada por dos chicas, ahí si no la
pensaría mucho. La primera vez que abrí el Tinder en Guadalajara pensé que
sería mi perdición, me vi embarazada del algún chico del Tinder, mintiendo a
mis padres y amigos sobre la identidad y procedencia del padre. Cuando leí en
más de dos descripciones de perfil: “Mentiré sobre el lugar donde nos
conocimos” supe que no estaba sola. Y es que no es cosa que me esté
inventando, a estos tapatíos(a) los hacen con amor, con mucho amor, lo admito
al principio fue un descontrol total, ya después comprendí que no estaba en mi
pueblo y que aquí los costos de arriesgarse a la aventura podrían ser altos así
que mejor le baje dos rayitas a mi desmadre.
El Tinder es como aquel famoso
eslogan de las papas, “Una vez que las
pruebas, no puedes probar solo una”. Mi primer y el último “match” en Tinder fueron
una locura. El primero fue con una chica llamada “Yohana”, me envió un mensaje
que decía: “No estoy buscando nada serio, solo estoy buscando sexo, rico, sin
compromiso, si te parece dime para dejar el match, si no para eliminarlo.
Besos”. Mire sus fotos de nuevo, era muy hermosa, no lo podía creer y mi
respuesta fue: “¿Dónde firmo?” Me envió su número, lo demás imagínenselo. Eso
del Tinder es asunto serio.
Después conocí a Sabine, ella se hizo
mi amiga y me enviaba mensajes diciendo lo lindo que era conservar mi amistad,
era muy linda conmigo y un día estábamos bebiendo unos whiskys e intento besarme, me negué y se puso a llorar. Algo andaba
mal con ella. Esa misma noche me dijo que no tenía como irse a casa que si
podía quedarse a dormir, no le vi detalle y le dije que sin problema. Por la
madrugada me despertó para preguntarme si quería hacerle el amor, me negué y
siguió llorando, fue raro. Desde ese día deje de hablarle, me caga que las
personas oculten sus verdaderos intereses. Al menos, yo cuando me quiero encamar
con alguien no juego a la mustia, en todo momento y si es posible desde un
principio les advierto que muy probablemente les voy a coquetear hasta obtener
lo que quiero o hasta que me manden a volar.
En Tinder también conocí a este
chico, Elías, un erudito de la literatura con el que he hecho buena mancuerna
en las letras. Y a un par de fotógrafos muy talentosos, con los que espero
hacer mucha arte y podría mencionar a muchas personas sumamente interesantes
con las que he conversado por ahí. Entre los asuntos cómicos a recordar, debo mencionar
a ese chico sumiso con el que hice match porque me gustaron las fotos de bondage que tenía en su perfil y luego
resulto que quería que lo sodomizara y que disfrutaba ser esclavo, me enviaba
mensajes pidiéndome que por favor lo insultara y si era posible nos viéramos para
que lo pateara y lo escupiera, fue tentadora la propuesta pero no quise abrir
esa puerta, al menos no la abriría con él. Y que les digo de aquella jarocha
coqueta que me pone a temblar las piernas cada que me acuerdo de que me dejo
sedienta y con ganas de darme unos baños de rosas en su tina, sigo con ganas de
robarle un par de sonrisas. Y sin lugar a dudas, mi último match fue con esa
perla tapatía que durante los últimos meses me puso el mundo de cabeza, me robo
el aliento, me regalo noches y mañanas sobre su piel, me abrazo el alma, me
beso todos los tiempos verbales, me hizo el amor y me enseño que se puede amar
sin prisas, tomo mi mano, me beso la frente y después me soltó en el viento. Y
aunque hoy ya no este junto a mí, por ese buen sabor de boca que me dejo y por
todos y todas las personas que mencione, hoy he vuelto a instalar el pinche
Tinder, deséenme suerte.

Buenas tardes
ResponderEliminarEs la mejor critica que e leído de Tinder, sigue escribiendo eres una trovadora contemporánea
Buenas tardes
ResponderEliminarEs la mejor critica que e leído de Tinder, sigue escribiendo eres una trovadora contemporánea
Hola, ¡Gracias! :D
EliminarEres muy buena escritora(yo no)😅, me gusto tu critica a tinder, no es la primera vez que te leo solo en 10 minutos hoy ya lei 3 de tus posts(creo que así se llaman)
ResponderEliminar<3 Muchas gracias, recién voy leyendo esto, saludos
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