Anoche
estaba pensando que es un milagro que siga viva. He logrado escapar de
situaciones realmente peligrosas. No creo en los ángeles de la guarda pero creo
que el destino tiene cosas interesantes para mí y me ha dado las pautas para
tomar decisiones que me han permitido llegar hasta estos días. Antes tomaba
decisiones estúpidas muy arriesgadas, aún sigo decidiendo algunas estupideces pero
ahora son parte del proceso de madurez-adultez.
Como
aquella vez que acabe en una fiesta de narcos en la quinta avenida en Playa del
Carmen y se me ocurrió la grandiosa idea de ponerme al tú por tú con el mero mero y digo grandiosa porque si no
lo hubiera hecho, no me hubieran corrido de la fiesta y probablemente estaría
embolsada en alguna parte de la selva. Una semana después me entere que media
hora después de mi partida, un comando armado dio un levantón en la fiesta y
por supuesto, apareció la cabeza del mero
mero en una playa a un par de kilómetros de la carretera a Cancún.
Y
como olvidar aquella vez que casi me violan por un grupo de vagos. En esos días
vivía en Playa del Carmen y se volvió costumbre viajar cada fin de semana a
Cancún a los antros gays a ligar jovencillas para nunca volver a llamar. Ese
día en el bar, no había nada que pudiera iluminarme los ojos y la entrepierna así
que decidí ir al Oxxo por unos cigarros. En el camino me tope a un dealer de esos que te encuentras cada
dos cuadras en la Av. Tulum de Cancún, me ofreció cocaína, negocie un poco,
llegamos a un acuerdo. Me empanice la nariz en la vía pública, ya tenía
doctorado en eso. Compre más, me hice compa al dealer, compramos un par de
cervezas en el Oxxo y recordé que había olvidado avisarle a mis amigos que
andaba en la zona. Corrí al bar y en el camino note que había dejado mi cartera
en el Oxxo, corrí de regreso, no encontré la cartera y por supuesto mi compa el
dealer había desaparecido. Camine al bar y resulto ser que ya estaban cerrando
y nadie podía pasar, le explique al security
mi situación pero estaba tan trabada que por supuesto no me creyó nada. Saque el celular y estaba muerto, sin
pila. Camine hacia el otro bar gay que frecuentábamos, misma historia. Decidí caminar hacia el auto y esperar ahí
pero eran las cuatro de la mañana y ahí andaba; una chica con un afro rojo, en
short corto, blusa escotada, sola, en pleno centro de Cancún, todo un blanco
para los depredadores.
Había
avanzado dos cuadras cuando se me acerco un chico.
-Amiga
pareces perdida. ¿Necesitas algo? – Lo ignore.
Llegue
a la zona donde habíamos estacionado el auto. Ya no estaba. En ese momento caí
en cuenta de que estaba oficialmente en peligro. Ir con los policías era aún
más inseguro, se iban a dar cuenta de mi estado y probablemente acabaría
encerrada o violada. Camine hacia la Av. Yaxchilán. Esta avenida está repleta
de restaurantes, bares, antros y todo tipo de animalias. No era la mejor idea
pero si la zona con más movimiento a esa hora. El chico apareció nuevamente.
-En
serio amiga, no te quiero hacer daño. Desde hace rato te he visto que andas
sola y esta zona es peligrosa para que una mujer camine sola.
-No
necesito nada, gracias - Le dije
-Ok,
¿Te molesta si me siento a tu lado? Mis amigos se me perdieron-
-
¿En serio? A mí también –
-Sabía
que algo te había pasado – Me dijo
-¿Qué
necesitas? – Insistió
-Dinero
para irme a casa, 35 pesos para el autobús a Playa del Carmen-
-Tengo
dinero pero lo tengo en casa, esta como a cinco cuadras de aquí, vamos por él y
te presto.
-No,
si me quieres ayudar, por fa ve por él y
aquí te espero
-Acompáñame,
me esperas afuera si quieres
-Mmmm
no, déjalo así. Yo veré que hacer, gracias
Determine
esperar al amanecer en esa zona y luego
decidir qué hacer. El chico se mantuvo ahí a mi lado sin decir una sola
palabra. Pasaron dos horas y me levante para caminar hacia la terminal de
autobuses, estaba a unas diez cuadras de distancia.
-¿Ya
te vas? ¿Cómo le vas hacer para irte?
-No
sé, no tengo idea.
-Pero
¿A dónde vas?
-A
la terminal, ahí veré que hacer.
-Oye
pero mi casa queda de paso, podemos pasar por el dinero.
En
ese momento con el bajón de la droga, el cansancio y la desesperación de querer
salir rápido de esa ciudad decidí aceptar su oferta. Entonces el inmediatamente
le hizo la parada a un taxi.
-¿Para
qué paras un taxi? ¿No que está cerca?
-Sí,
está cerca pero ¿ya sentiste el solazo? No quiero caminar bajo este sol.
Me
subí temerosa y al subir verifique que la puerta no tuviera el mentado seguro
para niños por si se volvía necesario huir de ahí. Llegamos a su casa. Era un
edificio de cuartos de renta, abrió la reja y me invito a pasar.
-No
gracias, te espero aquí afuera.
-Oye
pero puedes pasar al menos al patio para que no te quedes aquí afuera. Vive
mucha gente aquí, estarás segura.
Ingrese
y comenzó a caminar por un pasillo largo, yo iba detrás de él. Recuerdo que iba
como felina vigilando todos sus movimientos. Algo no estaba bien con él, yo lo sabía
pero no tenía alternativa, ya había decidido confiar un poco. Antes de llegar al patio, giro hacia la
derecha e ingreso a una habitación que estaba con la puerta entre abierta,
alcance a escuchar que dijo:
-¡Pasa,
estás en tu casa!
Di
un paso, mantuve mi cuerpo atrás de la puerta y di un vistazo rápido. Pude ver
que había una gran cantidad de televisores, estéreos, dvd’s y fue ahí donde vi a
cinco hombres sentados bebiendo y fumando alrededor de una mesa. En ese
instante todo comenzó en cámara lenta, gire mi cuerpo hacia la salida y comencé
a correr sin mirar atrás. Corrí lo más rápido que pude, el pasillo se me hizo
largo, llegue a la reja y tenía candado, ahí fue cuando mire hacia atrás. Lo vi
como venía corriendo hacia mí y atrás de él otros dos. Sin pensarlo comencé a
escalar la reja, pase un pie y cuando iba pasar el otro, sentí un jalón hacia
abajo. El tipo había tomado mi pie derecho y me jalaba hacia adentro. No sé de
donde saque fuerzas, pero logre quitar mi pie de entre sus manos, darle una
patada en el rostro y llegar hacia mi libertad. Corrí como como nunca. Mientras
corría podía escuchar su risa, era la risa de un desquiciado. Luego escuche que
uno de ellos dijo: ¡Vamos por ella! Di un respiro fuerte y corrí todavía más rápido,
no me detuve hasta que llegue a la terminal de autobuses. Eran las 8 de la
mañana, los carros pasaban a mi lado y tocaban el claxon: ¡Mamacita! ¡Necesitas
un ride! ¡Chiquita! ¡Ricura!
¡Sabrosura! No lo podía creer.
No
me pregunten como llegue a casa estaba en shock,
lo resumiré en que encontré la forma de hacer una llamada y a mi mente le paso
lo que nunca, logre recordar el número de teléfono de una amiga que vivía en Cancún
y ella me dio cash para viajar de
vuelta. En el camino me llego el cabrón de Andrés, sí ese el de cada mes.
Llegue a casa y no tenía llaves, tuve que caminar al trabajo de mi roomie de
ida y vuelta, imaginen eso bajo el calor del verano caribeño justo al medio día
y con los calzones llenos de sangre. Cuando por fin pude acostarme en mi cama,
no podía creer lo que había pasado y justo ahora todo esto me parece un tanto
irreal; pero así fue una de mis tantas salvadas.
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