viernes, 11 de noviembre de 2016

Verborrea nocturna I - Octubre/16

Te perdono la condena de mi boca sin tu boca y que el amor te haya durado tan poco, amar en estos tiempos se rige de acuerdo a la temporalidad de lo que se puede dar y lo que no; y de dar, me queda claro que no sabes nada.  Te perdono tus foreveadas románticas, los por siempres e incluso te perdono las mentiras gentiles y las promesas no cumplidas que acabaron por pasar en mi vida como un resplandor de ilusiones que nunca florecieron.  Sabes, también te perdono la cobardía de dejar un pie en el suelo mientras te enseñaba a volar y te perdono por esa estúpida mascara de ingobernable que te compraste en el tianguis a los seis y que no has podido superar. Te perdono tu mamitis y tu papitis, te perdono que seas tan egoísta que hasta para hacer el amor busques el mínimo esfuerzo, te perdono que te gusten los aforismos más patéticos, te perdono tu juego maquiavélico de no soltarme hasta obtener algún beneficio, te perdono que te hayas pasado por el arco del triunfo la carta que te escribí cuando te pedí que me dejaras ir, te perdono que finjas que no te importo, te perdono el tiempo perdido que pase apoyándote en los ratos oscuros aun cuando ya no habitábamos aquel amor,  te perdono los desplantes y tu fingida comprensión.

Solo hay una cosa que no te perdono, haberme dado una patada en la entrepierna el único día que realmente he necesitado de ti.  “De desagradecidos está el infierno lleno” decía mi abuela.

No hay comentarios:

Publicar un comentario