lunes, 5 de octubre de 2015

Bienvenida a la jungla (Julio/2015)

Pronto cumpliré 6 meses en esta ciudad. Hoy salí 8:40 PM del trabajo y el viaje de regreso a casa fue un poco exótico. Me toco ir sentada en el tablero del camión de la ruta 59, antes de este día pensaba que me bastaban las manos y los pies para sostenerme de los acelerones del chófer; pero hoy me he aferrado a la gravedad con músculos que desconocía podía mover, una vez que encontré una posición en la que podía balancear mi peso sin irme de boca y sin irme de espaldas me aferre a ella. Dicen que en el tablero solo se sientan “las viejas” de los chóferes, hoy les gane el lugar, lo siento chicas esta noche fui yo quien le tapo la visión del espejo retrovisor derecho (aquí va un guiño). El camión iba tan lleno que no me quedo de otra, no traía ganas de ahogarme con la mezcla de sudores, hedores y algunas otras sustancias que pudieran salir del cuerpo humano. A esta hora todos transpiramos el estrés del día, queremos llegar a casa, quitarnos los zapatos, echarnos un cigarrito, aflojar el botón del pantalón, en el caso de las mujeres aventar el brasier como señal de libertad.


Cuando voy en los camiones de esta ciudad siempre tengo esa sensación de que pongo mi vida en riesgo, es una vida temeraria la que se soporta cuando no se tiene la solvencia para tener un auto. Este año tendré mi auto me lo he prometido, así que eso me tranquiliza un poco cuando me toca ir como salchicha embutida en los camiones. Hay algunas técnicas que he desarrollado para la supervivencia en el sistema de transporte público de la hermosa Guadalajara. La primera es, que aunque usted no lo crea, estos curiosos hombres tapatíos le seden el paso a las mujeres para abordar el camión (la mayoría lo hace) con eso ya es ganancia y se aumentan las posibilidades de encontrar un asiento disponible; de no ser así me dispongo a detectar a la mujer o al hombre más limpio y perfumado del camión, créanme después de las 8 de la noche nadie huele bien en un camión, ni yo. Encontrar a una persona perfumada es sinónimo de que no tardara en bajar y hay que pararse justo enfrente de él o ella y con ambas manos sostenerse de los asientos que lo rodean para proteger su asiento como un felino salvaje cuidando su alimento, como si en el fondo quieras fulminarlo(a) con el olor de tus axilas para que se baje más rápido. Es una técnica que aún estoy perfeccionando hasta ahora tiene un 40% de efectividad. En resumen, hace ya un par de meses que asimile que debía ponerme en modo “wild” cada que me subiera a una de estas latas de metal. Un día me subí al camión un poco más temprano que hoy, iba casi lleno, el único asiento disponible era uno de los reservados para los adultos mayores, mujeres embarazadas y personas con discapacidad, entonces como buena y educada chica foránea decidí irme parada y dejar que los asientos cumplieran su objetivo. En la siguiente parada subieron entre 8 y 10 personas, sentí como el aire se reducía, una mujer como de 25 años se apropió de aquel asiento, la mire y por un momento me cuestione si hice lo correcto al no sentarme ahí.

–Hiciste bien, tranquila, era lo correcto –

En la siguiente parada se subieron de nuevo entre 8 y 10 personas. Comencé a sudar, oficialmente se había acabado el aire “limpio” (si, así entre comillas) no quería respirar, ya sabía lo que me esperaba. La miro de nuevo y solo puedo pensar:

– ¡Cabrona quítate de ahí! ¡Ese asiento es mío! ¡Mío! ¡Mío!–


Mharan

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