Van tres días
agotadores en el trabajo, el cansancio que resulta de lidiar con una sustanciosa
cantidad de seres humanos día tras día es inmensurable, llego a la casa frita,
sin ganas de nada más que dé sacarme la ropa y enrollarme mis sabanas hasta el día
siguiente. Ya tengo una rutina. Me levanto a las 10 am, me preparo un pan
tostado con queso cottage y un vaso de leche deslactosada con avena, ducha,
cuatro cambios antes de decidir que ponerme. Empiezo con el mas despampanante y
voy disminuyendo en la medida que encuentro “el adecuado” al final siempre
acabo en algo súper cómodo aunque un día antes haya pensado que iría en
tacones, blazer y un kilo de “make up” para que las morras que trabajan
enfrente mueran de envidia, todo acaba en un:
– ¡Qué diablos!
¡Quiero ir cómoda! ¡No quiero sudar en el camión! –
Termino de
vestirme y le dedico toda mi atención a meter a mi bolsa todo artículo
necesario para mi supervivencia diaria: verifico tener dinero en la cartera y
me aseguro de meterla en mi bolsa, tomo el cargador de celular, el celular, los
audífonos, un bálsamo para los labios, mis lentes de aumento y la cereza de mi
pastel… “Las llaves” diario siento que las olvidare o las perderé así que
mantengo fuerte vigilancia sobre ellas. No está de más mencionar que soy una
completa despistada, puedo tener el celular en la mano izquierda y estar con la
derecha buscándolo por toda la habitación y en menos de 5 segundos mi mente
hace conjeturas acerca de qué pasaría si cayera en manos de un extraño. Sería
mi ruina. Lo mismo pensaba sobre un viejo “e-mail” en el cual almacenaba toda
mi vida personal y en una ocasión fue
hackeado. Tenía tanta información que
asumo que les dio flojera revisar o están esperando que sea rica y poderosa
para extorsionarme. El metiche, atrevido
que violo mi privacidad decidió tomar una foto de mis senos que me había tomado
para un ex y dispuso enviarla a los correos electrónicos de toda mi familia con
una leyenda que decía algo así “Están son las teta de fulanita”. Obvio lo negué
rotundamente. ¡Esas no son mías papá! ¡Ma’ como crees que me voy a tomar fotos
de las chichis! ¡Esa no soy yo! ¡Yo no tengo un lunar en la chichi derecha!
Esa noche
lloraba como magdalena mientras le rogaba al hacker por medio de otra cuenta que
también usaba y me tenía agregada a mí misma en el MSN por eso de “para ver
cómo se veía mí estado”. Le rogaba que me devolviera mi correo y mi Facebook. Así
es, ya existía el Facebook. El tipo me pidió que le mandara una foto de mis
tetas para que me pudiera devolver la cuenta, hijo de su chingada madre, me
dieron ganas de decirle “Revisa las carpetas hay fotos de todo mi cuerpo,
pedazo de animal” pero como insistía tanto comprendí que el estúpido no tenía
idea del oro que tenía en sus manos, asi que deje de insistir y le dije que se
quedara con la cuenta. Un rato después de ignorarlo me escribió; “Tu nueva
contraseña de Hotmail y de Facebook es: Soy una puta”
Aun no sé quién
fue pero tengo mis sospechas.
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