– Si te sacas la blusa y enseñas las chichis por la ventana, te invito un cartón de chelas –
– ¡Juega! – le dije mientras fruncía el ceño y retorcía la sonrisa
– ¿Qué haces? ¿Qué haces? ¡Era un juego! ¡Ponte la blusa! ¡Están los policías en la siguiente cuadra! ¡Ponte la blusa! – me gritaba con desesperación
– ¿Me vas a comprar mis chelas? –
– ¡Si, si, si las que quieras pero vístete que esta la chota en la esquina! – me decía entre alivio y exaltación.
Así me las gastaba con mi amigo Tláloc, siempre me coqueteaba y le seguía el juego. Me gustaba ese poder que ejercía sobre él y me gustaba lo hermosa y deseada que me hacía sentir. Tláloc era lo que en la preparatoria conocemos como “El viejito” “El anciano” “La reliquia” etc… Yo tenía 17 años y él le andaba pegando a los 24 o 25, no recuerdo con certeza. Nos hicimos muy buenos amigos y pasábamos casi todos los días juntos, muchas personas pensaban que éramos novios pero para mí solo era mi amiguito maduro de la prepa que me hacía sentir protección.
Hicimos un pacto, acordamos que cada que uno sintiera ganas de besar al otro lo haríamos sin importar circunstancias, entorno o motivos. Y así comenzó un juego del que nunca me hubiera cansado; a veces llegaba a visitarme a casa y nos subíamos a su carro para ir a besuquearnos a la vuelta o donde se pudiera, podíamos besarnos durante horas.
Tláloc tenía una labia que podía enamorar a cualquier chica o incluso chicos, su rostro no era su mejor atractivo, definitivamente no era guapo pero en el cuerpo no le cabía otro cuadrito más, solía ejercitarse bastante y se sabía galán, con eso bastaba para que todas las chicas cayeran a sus pies. En una ocasión lo miraba cortejar a una chica en los laboratorios de química y la veía como doblaba los pies y se jugueteaba el cabello, sin pensarlo camine rápidamente hacia él, me metí entre los dos y comencé a besarle, nos besamos tanto tiempo que la chica desapareció. Tláloc solo me sonrió y me dijo que era una celosa, que me la iba cobrar algún día.
No asistió un día a la escuela y se me hizo extraño pero no hice nada, falto dos días más y comencé a preocuparme, fui a su casa y me topé con la noticia de que estaba en el hospital; había intentado suicidarse porque su novia lo había dejado, ni siquiera sabía que tenía novia. No me dejaron ir a verlo porque no era su familiar pero le deje un recado con su mamá y en cuanto salió del hospital fue a mi casa. Se veía realmente mal y ahí fue cuando me contó acerca de Alexandra su novia que estaba en la universidad. Quien regreso con él a los pocos días y luego lo volvió a dejar y así varias veces hasta que se buscó a otro chico en su universidad y se olvidó del él. Tláloc sufrió mucho en esos días, lejos de cuestionarle sus motivos para no contarme solo lo escuchaba y lo abrazaba, realmente lo apreciaba.
Pasaron los meses y conocí a una persona, me enamore y me hice novia. El me confeso su amor para esa temporada, lo rechace y cuando lo rechace me dijo que “estaba bromeando” y se estuvo riendo durante 15 minutos, nunca le creí que era broma. En algún punto dejamos de frecuentarnos, yo tenía una relación y también él se enamoró nuevamente. Un día fuimos al cine y la verdad es que no escatime en tomarlo de la mano y abrazarlo como en los viejos tiempos, salimos del cine y fuimos por un par de cervezas, acabamos besuqueándonos en la parte de atrás del carro y esta vez las cosas se fueron un tono más arriba, ya antes nos habíamos rozado y acariciado por encima de la ropa pero en esta ocasión acabamos en traje de Adán y Eva sudando uno sobre otro, justo cuando íbamos a comenzar el coito se detuvo y me dijo: ¿Por qué no puedes ser solo mi amiga? ¿Por qué siempre tienes que ponerme en descontrol? ¿Por qué no puedo estar cerca de ti sin querer besarte? ¿Por qué siempre acabamos así? Su mirada me dijo más que las palabras, era obvio que yo había sido la cachonda que lo había estado seduciendo todas y cada una de las veces. En ese momento me di cuenta y solo pude decir.
–Lo siento Tlacoyo, no me había dado cuenta de que te lastimaba –
Bajo la mirada y me dijo
–Tengo novia y tienes novio. Yo te amo como tú jamás has amado y te aseguro te amo mucho más que el imbécil que traes por novio, pero no puedo seguir confundiéndome de esta manera, Alexandra me dejo por solo hablar de ti y no quiero que Laura lo haga también y tú, tu solo quieres sentir rico – hizo una pausa y continuo
–Esta es la última vez que salimos, esta es la última vez que me permito caer en tus redes. Espero puedas entenderlo –
Me vestí, brinque al asiento del copiloto, encendí la radio, encendí un cigarro y le dije.
–Me quite la blusa otra vez y no veo que estemos yendo a comprar un cartón de cervezas–
–Te voy a llevar a tu casa – contesto.
–¡Estaba bromeando Tlacoyo, relájate!–
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